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La medición de la pobreza, nacional y popular...

Hoy salieron publicados en La Nación  los resultados de las mediciones que realiza el Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, el que informó que "el 28,7% de la población quedó en 2014 bajo la línea de pobreza; un año antes afectaba al 27,5%; la indigencia también es mayor y alcanza al 6,4%"

Es indiscutible que las cifras, las mediciones y los datos estadísticos son vitales para la diagramación y puesta en práctica de cualquier política pública. Si bien decir esto importa un criterio utilitarista, ya que no es lo mismo destinar recursos (siempre escasos) a necesidades sufridas por muy pocas personas, es -sin embargo- imposible de soslayar. 

Pero el tamaño sí importa. Y más aún cuando se habla de la cantidad de personas que viven situaciones de extrema necesidad, lo que significa problemas personales para cada una de ellas, pero también sociales que nos afectan a todos. 

Este puntual gobierno es el más corrupto, mentiroso e inmoral de la historia. La indignación no tiene límites al escucharlos decir a Aníbal Fernández, que "el Estado no está para contar pobres",  o que el gobierno está "redefiniendo su forma de medir" la pobreza porque "la vieja forma de medir nunca fue nacional". ,¡¿Qué puede importar la "nacionalidad" de la medición, cuando hay millones de Argentinos sufriendo hambre, frío, enfermedades, el acecho de la droga?!  O a, nada más y nada menos que el ministro de Economía, Axel Kicillof,  decir que el gobierno no publica el número para "no estigmatizar" a los que sufren la pobreza, 

Y para estocada final al más elemental sentido de justicia, escucharla a ELLA decir que la pobreza está por debajo del 5% y la indigencia del 1%...  Y ante semejante osadía, atrevimiento y falta de respeto a los millones de personas en esas circunstancias, es irrelevante que lo haya dicho ante un Foro de colectivistas igual de inmorales que ella, como es la FAO. 

Estas personas, los "pobres" según se llenó la boca más de una vez la inmoral y corrupta en ejercicio del poder, son seres humanos que sufren todas las consecuencias que trae la pobreza material: no tienen educación, con lo cual están destinados a un futuro de esclavitud y servilismo al corrupto de turno; no tienen salud, por lo que su expectativa de vida es sustantivamente menor a las de quiénes no estamos en esa situación; sufren índices de violencia mayores, porque la paz y la estabilidad se dan solamente en los sistemas de intercambio libres y voluntarios, en los que -en un círculo virtuoso- ese libre intercambio genera más riqueza, disminuye la escasez y hay menos incentivos a tomar lo poco disponible por la fuerza; no tienen el ambiente propicio para disfrutar del arte, de la cultura, de la satisfacción que es posible cuando nos desarrollamos en un lugar lindo, limpio y seguro; tienen más incentivos para caer en la droga, porque la droga los hace olvidar y los evade de tanta hambre, tanto frío y tan terrible realidad... 

Hace unos años vi en una plaza a un grupo de niños de unos 8 o 9 años inhalando pegamento una mañana también muy fría en Buenos Aires, mientras paseaba a mis perros. Me acerqué para preguntarles si no querrían una leche chocolatada bien calentita, con unas galletitas que les iba a preparar para llevarles. Nunca voy a olvidar los ojitos desorbitados que me miraron como si estuvieran viendo a Papá Noel en persona. Tuve la peregrina idea de proponerles el cambio de la bolsita por la chocolatada... "sabe que pasa Doña... usted nos trae el chocolate ahora, pero después vamos a tener hambre otra vez"... No hubo un intercambio, sino un grupete de unos cuatro o cinco chicos esperándome en la puerta del edificio donde vivía. Y ahí tomamos el chocolate calentito... 


Las políticas de apremio, mentiras, violencia física y moral contra quienes trabajamos y producimos en la legalidad significan el factor de crecimiento exponencial de gente sufriendo los males de la pobreza. Y la mayor inmoralidad radica en que, no sólo los K, sino todos los gobiernos, así lo hacen con un doble propósito: por un lado llenar sus propios bolsillos con la corrupción, que se da por el producido del robo sistemático y endémico a los trabajadores (todos, los empresarios, los autónomos, los emprendedores, los que están en relación de dependencia... todos somos trabajadores), y por el otro, porque saben y están plenamente conscientes de que sólo en una población pobre, mísera y necesitada pueden orquestar todos los medios que les da el poder (en especial el monopolio de imprimir billetes) para causar y generar cada vez más pobres, más necesitados y más esclavos de las políticas asistencialistas. Cada vez más personas sujetas irremediablemente a la limosna que mensualmente les tiran, como un triste vuelto del total que también mensualmente ellos roban. Porque son esos sus clientes electorales. Son ellos quienes les permiten encaramarse al poder por el sistema del voto "democrático".

Quienes adherimos a las ideas de la libertad individual tendríamos que ser los más enervados por todo el sufrimiento y el dolor que estos individuos sufren día a día, año a año, generación tras generación. Porque al afectar a estos individuos, los corruptos de éste y anteriores -y lamentablemente mi pesimismo me lleva a decir, los futuros- gobiernos afectan la paz y la creación de riqueza. Precisamente porque nos importan más las PERSONAS que los colectivos y los grupos es que esta política de miseria y esclavitud nos debería revelar hasta el punto de hacer absolutamente todo lo que esté a nuestro alcance para ponerle un punto final al festival de corrupción, gasto y asistencialismo mendigo al que someten a nuestros compatriotas. 

Quienes adherimos a las ideas de la libertad individual tenemos la obligación moral de luchar con virulencia contra el discurso políticamente correcto de la izquierda, que con sloganes emotivos lograron el monopolio de la indignación y la "solidaridad". Una "solidaridad" en la que "los pobres" son considerados inferiores, necesitados, inútiles e incapaces. Una "solidaridad" que los pone a ellos, los iluminados, en el atril superior desde el que pontifican quién es el "bueno" y quién es el "malo". Una "solidaridad" que les permite a ellos, los iluminados, tener pingües ganancias en puestos, cargos, subsidios, publicaciones pagados por el estado que solventamos todos (aún, y principalmente, los "pobres"). 

Quienes adherimos a las ideas de la libertad DEBEMOS despojarnos de la etiqueta de "materialistas"; tenemos que dejar de hablar exclusivamente de libertad económica, de números, de cifras que -al igual que la izquierda- engloban a las PERSONAS en agregados en los que se pierde de vista el sufrimiento individual de cada una de ellas, de las familias, de los niños que son parte de esos agregados. 

Quienes adherimos a las ideas de la libertad tenemos que ser mucho más enfáticos con la convicción filosófica que nos motiva. Tenemos que aprender a transmitir mejor nuestras ideas, y no tener miedo de llorar de indignación al ver tantos hermanos sufriendo el hambre, el frío, la miseria, la necesidad, sabiendo que ellos, los "pobres", son tan o más capaces que nosotros mismos para procurarse su propio y digno sustento. 

Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para dirigirnos a esos compatriotas, e insuflarles el sentido de dignidad y autoestima que a lo largo de los últimos 60 años vienen, exitosamente, minando los peronistas y los colectivistas por igual. Tenemos que instaurar el discurso ético que los vuelva iguales a nosotros de verdad. Iguales ante la ley, iguales en las capacidades, iguales en las potencialidades, iguales en la responsabilidad por los actos propios, iguales en la posibilidad de soñar los sueños más altos, más lejanos, más "imposibles". Porque ellos son, indiscutiblemente, iguales a nosotros. Ellos son igualmente humanos, igualmente dignos de nuestro más rotundo y absoluto respeto e igualmente merecedores de la confianza de que sí pueden, de que sí son capaces. De que sí merecen ser responsables por sus propios actos y decisiones.

Para eso tenemos que usar todos los medios a nuestro alcance. Y tenemos que derrotar a la izquierda siniestra e inmoral, y convencer de su error a la izquierda bienintencionada. 

Anoche hizo mucho frío en Buenos Aires. Mientras prendía el split de mi dormitorio, porque los radiadores no daban abasto, y me metía en mi confortable y tibia cama, no pude evitar pensar en Gladys, una vecina de Malvinas Argentinas que vive en una pieza de una quinta tomada, junto con su marido y sus cuatro niñitos. Una vecina a la que, le suelo juntar ropa de mi hijito y ropa donada por las solidarias mamás de sus compañeritos de colegio, y a la que una vez volviendo de dejar a mi hijo en el colegio vi pasar con 1 (UN) sachet de leche para sus cuatro niños... una vecina que me honra con su amistad, y a quien le dedico este post. En representación de tantas otras "Gladys" del Conurbano Bonaerense más profundo. De ese que ahora conozco bien.



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