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Cartel de "Paro", y giro a la izquierda.

Según La Nación de hoy, Hugo Moyano, ex-amante del "modelo", hoy devenido en opositor con capacidad de fuego, dijo "Algunos quieren hacer creer que porque hubo piquetes la gente no fue a trabajar, pero ha sido un paro extraordinario. La gente voluntariamente dijo: «No voy a trabajar porque me sumo a los reclamos del movimiento obrero organizado»".

CONTENIDO FILOSÓFICO DEL PARO.

En primer lugar, decir que un paro ha sido "extraordinario" es  elogiar, valorar y preferir la improductividad, el ocio forzado, el vacío por sobre la producción, la creación de riqueza, el crecimiento, la actividad, la vida. Indiscutiblemente que el paro de ayer ha traído muy severas consecuencias en materia económica, tal como impecablemente lo indica Roberto Cachanosky, también en la edición de La Nación de hoy. Pero el aspecto cívico - filosófico - político del paro presenta iguales o más graves pérdidas aún que las económicas. 

El título de la obra de Ludwig Von Mises lo dice todo: "LA ACCIÓN HUMANA". Por supuesto que el habla y la razón son los que no distinguen del resto de los animales, pero es la ACCIÓN HUMANA, la acción direccionada, meditada y por la que se opta y decide la que nos instaura reyes de la naturaleza. El hombre necesita funcionar, estar en actividad, en movimiento. No sólo en el campo fisiológico, sino en todos los órdenes, la parálisis implica la pérdida de músculo, de vitalidad, de flexibilidad, el deterioro cognitivo, la decadencia. Un cuerpo y una mente estáticos se consumen lentamente, perdiendo paulatinamente sus mecanismos vitales para terminar en la muerte más lastimosa: la muerte por inacción. 

Las consecuencias de parar, de la inactividad productiva tiene las mismas consecuencias para el tejido social. Ayer hubo gente sin tener nada que hacer. En muchos casos -seguramente- el tiempo habrá sido productivamente utilizado para estudiar o avanzar en otras tareas. Pero en muchos otros, el ocio pudo haber dejado un vinculante espacio para la caída en vicios a los que apadrina siempre. 

Mises, en su monumental obra, "La Acción Humana", no discute cuáles son los puentes entre los mecanismos fisiológicos y los psicológicos que nos llevan a los seres humanos a actuar. No hay manera, a través del cientificismo positivista, de contar con pruebas "irrefutables" de los mecanismos que operan para que ante un mismo estímulo, un individuo accione de una manera y otro lo que haga de una muy diferente. Pero de lo que no hay duda, lo que nadie puede obviar, es que los humanos ACCIONAMOS, y nuestras acciones se determinan por las decisiones tomadas previamente: "La acción humana y sus vicisitudes son tremendamente reales. La acción constituye la esencia del hombre, el medio de proteger su vida y de elevarse por encima del nivel de los animales y las plantas. Por perecederos y vanos que puedan parecer, todos los esfuerzos humanos son, empero, de importancia trascendental para el hombre y para la ciencia humana".


LIBERTAD vs. COACCIÓN

Apelando al mismo mecanismo de falsedad ideológica del régimen al que ahora se opone, Moyano construye un relato sobre la "voluntariedad" de la gente de sumarse al paro de ayer. Supongamos que hubiera alguna persona que fuera honestamente afín al régimen kirchnerista y que, voluntariamente, decidiera no sumarse al paro. Supongamos también que esa persona viviera en alguna localidad del conurbano Bonaerense, y tuviera que -irremediablemente- tomar un tren para llegar a su trabajo en Capital Federal. ¿Qué capacidad material de concretar su voluntad hubiera tenido? Ninguna. 

La voluntariedad, como el amor, se demuestra en los hechos. Tal como sucedió con la masiva y multitudinaria marcha del 8 de Noviembre de 2012, cuando más de un millón de personas sin ninguna otra motivación que la de haber elegido, voluntariamente, estar ahí en lugar de en cualquier otro lugar, marchamos en absoluta paz, por la calles del centro de Buenos Aires. 

La retórica de Moyano es idéntica a la del régimen K que, apalancados en un relato infantil, torpe y mediocre, llegó a tocar la fibra más íntima de mucha gente (y no me termino de animar a escribir "igualmente infantil, torpe y mediocre"). En concreto, el paro de ayer -y las manifestaciones de Moyano en el diario hoy- no hacen más que mostrar con prístina claridad que la ciudadanía sigue presa y esclava de un sistema de poder perverso, en el que sea desde el gobierno o desde los actores con monopolios políticos consolidados, como los sindicatos, somete a cientos de miles de personas, violentando de manera flagrante sus libertades individuales y sus derechos constitucionales. 

El paro de ayer es una muestra, apenas, de la lucha por el poder entre dos grupos igualmente perversos y mafiosos. Uno de ellos ayer lanzó su grito de guerra y, como muestra de lo que se viene, atenazó, una vez más -como lo viene haciendo desde hace 70 años cuando el primer capo se apoltronó en el poder- a los ciudadanos que trabajan, producen y sostienen con su esfuerzo a esta casta de inmorales que no tienen ningún prurito en vivir a sus expensas. 

Según el relato de Moyano, el paro de ayer fue una colaboración del monopolio sindical para con toda la ciudadanía, y no sólo para con los miembros de "la clase trabajadora", en "la lucha contra la inflación y la pérdida del poder adquisitivo del salario; las paritarias libres; la eliminación del impuesto a las ganancias; la devolución de las retenciones "injustas" al sistema de obras sociales sindicales, y un "urgente" aumento a los jubilados". 

Es muy interesante ver cómo deslizan la verdadera intencionalidad al decir que piden "paritarias libres" (una contradicción en términos), y "la devolución de las retenciones "injustas" al sistema de obras sociales sindicales". Ahí está el grito de guerra. Ahí está la verdadera motivación: son luchas por el poder político y económico en el que absolutamente nada tienen que ver las cientos de miles de personas que ayer fuimos rehenes de esta poderosa casta de inmorales. 


COLECTIVISMO vs. ESTADO DE DERECHO. 

Para agravar las cosas, según Carlos Pagni, el paro manifestó otro importante problema para la recuperación de un sistema de respeto irrestricto a las libertades individuales: el avance de la izquierda virulenta en su lucha por el poder, sindical en este caso. 

A quienes nos abrogamos la defensa de las ideas de la libertad, este es un dato peculiarmente sensible y preocupante del cual, admito, no tenía conocimiento. Sé que las ideas colectivistas han copado y colonizado a la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo. Pero no sabía que estuvieran encaminadas hacia un derrotero potencialmente igual de exitoso en las comunidades sindicales. Y esto sí sería de temer. Según relata Pagni, "El Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que ha tenido una llamativa evolución electoral, cercó ayer la ciudad de Buenos Aires con sus piquetes: un modo de diferenciarse de los "burócratas" Moyano y Barrionuevo". 

He aquí un potencial talón de aquiles. ¿En qué pueden diferenciarse unos de otros, siendo que los resultados son los mismos: violación de las libertades constitucionales de trabajar, de circular, de ejercer industria lícita? En tal caso, si hubiera alguna diferencia sería en su contra, ya que los piquetes imponen una metodología  de choque y más violenta, en tanto es la violencia a la que deberían apelar en caso que alguien optara por desafiar el piquete. Pero, ¡a no engañarse! En el sindicalismo "burócrata" también existen sólidas redes de violencia institucionalizada, como da cuenta el cronista de La Nación en este artículo.


Personalmente descreo de los conceptos de "derecha" e "izquierda". Ambos admiten matices que los llevan a bordes peligrosamente difusos. Por el contrario, estimo que la gran y verdadera dicotomía hoy en día es colectivismo vs. estado de derecho. Pero a diferencia de Daron Acemoglu, por ejemplo, entiendo que la característica primordial del colectivismo es el culto a un líder (sea un ser humano, o un movimiento), los que -como el fascismo demuestra- pueden adherir a criterios tanto de la izquierda como la derecha tradicionales. Los individuos pasan a conformar una masa amorfa que tiene como único objeto el de servir de medio para alcanzar un fin superior a ella. Por el contrario, en un sistema con Estado de Derecho, no existe nada ni nadie superior, en términos ontológicos, al individuo, a las personas que funcionan y viven en una determinada sociedad sujeta a ese régimen. El individuo es un fin en sí mismo (Kant), y no hay líder (humano o ideal) que pueda someterlo en su dignidad y magnificencia. 

Considero que es prioritario promover un cabal entendimiento de esto y combatir la ideología de la dicotomía (ya inexistente). En ese imaginario, la izquierda es buena. La contiene un halo de idealismo, de decencia, de valoración moral por sus banderas "igualdad, solidaridad, derechos humanos, inclusión social". 

Como nota al pie, téngase presente que el uso del término "social", y su acaparamiento por los colectivismos, ha sido motivo de fundada crítica de Friedrich von Hayek, en particular en la Segunda Parte de Law, Legislation and Liberty, (aquí su artículo "El Atavismo de la Justicia Social"), ya que no existe Justicia que pueda tener lugar si no hubiera un intercambio entre al menos dos personas, por lo que ese mero número la convierte en  "social", por oposición a individual. 

Por el contrario, la derecha es mala, y aboga siempre por la violencia (y si no, miremos a los militares del '76!), el egoísmo, y la exclusión social. Posiblemente algunas personas que se consideren "de derecha" entiendan que los problemas sociales se solucionan excluyendo a ciertos sectores, u olvidando las necesidades ajenas más acuciantes. 

Pero quienes adherimos a la concepción del liberalismo clásico, tenemos una tarea titánica pero ineludible por delante: informar, educar y concientizar que el liberalismo clásico, por el contrario de lo que endilgan los colectivismos, es mucho más eficiente y moral, tiene resultados y significa más y mejor posicionamiento para aquellas personas menos afortunadas, ya que es el sistema en virtud del cual los apodera, les da el empowerment que ser dueños, propietarios, de sus propias vidas, sus libertades y sus recursos permite. Por supuesto que la respuesta inmediata de "la izquierda" va a ser ¿de qué les sirve eso, si no tienen nada de que ser dueños? Y es ahí, precisamente, donde tenemos que atacar la posición moralina, en el mejor de los casos, y perversa en el peor de ellos, de considerar al otro, a "los pobres", como los llama Cristina, desposeídos, incapaces, inútiles y menesterosos que, ineludiblemente, necesitan que el estado "les dé". Pues, entérense, señores colectivistas. No son nada de eso. He ahí la gran esperanza.


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