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Más ataques a la República.




Escuché en la radio que la presidente (sí... en masculino) no se preocupa de la inflación que cada día parece tronar con más fuerza, y que -por el contrario- dedica sus diátribas a temas significativamente menos importante, como por ejemplo, la identificación de Clarín con la suma de todos los males. Es el nuevo "enemigo".


Estoy de acuerdo con el periodista en cuanto a lo comentado sobre la inflación. Pero en mi opinión la situación va más allá. Es verdad que no ven a la inflación como un problema a afrontar (y de manera urgente), por el simple y llano motivo que la inflación es su gran herramienta para el objetivo final. Y el objetivo último de toda esta caterba que nos gobierna no es otro que perpetuarse en un poder. Un poder que, irremediablemente, tiene que convertirse en la suma de todo el poder para permitirles mantenerse ellos y su posteridad (y sino veamos al gordito Maximo entrenando en las huestes de "La Cámpora") gobernando la Argentina como si fuera un feudo muy parecido al que ya tienen en la Patagonia. Así lo amenazan desde su pagina web "Es política de estado en Argentina. No hay vuelta atrás" (El remarcado nos pertenece).

Pero tal supremo fin no se logra de un día para otro ni mucho menos. Por el contrario, demanda un trabajo de hormiga que consiste en ir minando las bases y fundaciones del sistema repúblicano y federal. Repasemos qué están haciendo...

El sistema federal es el que mayores avances en el deterioro tiene. Flaco favor les hicieron Menem y Alfonsín al modificar la Constitución Nacional. No quedó ya nada del sistema originariamente ideado por Alberdi al redactar la Constitución de 1853, en el que las Provincias sólo delegaban parte de su poder tributario en la Nación. Una distribución del poder político, económico y demográfico garantista de los mejores valores republicanos, de representatividad plural, quedó herida de muerte a partir de 1994.

El actual sistema sirve de soberbia herramienta para los objetivos perseguidos por estos aspirantes a emperador y emperatriz. Con el régimen de coparticipación impositiva, los gobernadores (de todas las provincias y no sólo de las más pobres) son fáciles de domesticar, logrando la obsecuencia y docilidad propias del régimen que pretenden instaurar. No sería extraño imaginar que la necesidad de contar y disponer de fondos mensualmente tiene un peso específico sustancialmente mayor al peso de las convicciones políticas en las conciencias de algunos de estos gobernadores. Así, el federalismo está prácticamente aniquilado, haciendo de la Argentina un monstruo macrocefálico con un cuerpo raquítico.

El país unitario, con Buenos Aires como cabeza demográfica y económicamente desproporcional, es otro medio para alcanzar el fin último. La ciudad y los cinturones inmediatamente suburbanos, albergando millones de desplazados del interior, son necesarios para la masificación del proletariado que estos infames fomentan, para servir de súbditos mendigos paupérrimos, sin educación, sin salud, sin seguridad, cada vez más sometidos a la necesidad de la dádiva oficial. Porque solamente una población masivamente indigente y sin educación puede servir de base al régimen que pretenden instaurar.

Pero son concientes de que la Argentina está lejos aún de ser el "modelo" de país que ellos ansían, y por el contrario hay una cada vez más visible cantidad de personas que desafían con énfasis los argumentos infantiles con los que prenden en la -también grande, lamentablemente- población con menos recursos económicos y educativos. En consecuencia, no es suficiente con la disponibilidad de caja para distribuir electrodomésticos justo antes de las elecciones, y resulta imperativo operar sobre los demás pilares de la república y la democracia.

Uno de los pilares del sistema republicano es la Justicia, como poder organizado del Estado, y como herramienta de contralor final sobre los actos de los demás poderes. En especial como contralor del Poder Ejecutivo, que en un país con un parlamento serio, y no la parodia de parlamento actual, es el más sensible a caer en la tentación del abuso.

Una variable de la ecuación que no tenían prevista era la actuación efectivamente independiente de la Corte Suprema de Justicia, en la conformación que ellos mismos orquestaron, creyendo, seguramente, que la metodología tan útil de ubicar en los sillones de ministros a los "afines" ideológicamente iba a funcionarles a ellos también. ¿Por qué no? Les fue muy bien en Santa Cruz, y desde el '83 en adelante todos los que gobernaron así lo hicieron.

Pero como una mínima corriente de aire en un país cada vez más claustrofóbico, el pronunciamiento de los Ministros Argibay y Zaffaroni en el caso de Patti se consolida como un débil bastión de resistencia a tanto atropello autoritario, y se planta ante el poder que la puso en ese sillón.

Rápidos de reflejos, y viendo que esta Corte Suprema de Justicia podría -eventualmente- cumplir su función de final intérprete de la Constitución (hechando por tierra todo el andamiaje de instauración del "modelo"), el domingo pasado La Nación publicó que "El kirchnerismo prepara reformas en el sistema de selección de jueces nacionales en el Consejo de la Magistratura: propone terminar con los exámenes anónimos y sorpresivos, abandonar las tablas con puntajes para evaluar los antecedentes de los candidatos y dar más importancia a la opinión que los consejeros se formen de los postulantes"

No felices con haber violado al Consejo de la Magistratura el año pasado, sin prisa ni pausa avanzan sobre la independencia del Poder Judicial, y con argumentos que no resisten el más mínimo análisis (serio) pretenden socavar al más importante de los tres Poderes del Estado para cualquier República. Pretenden instrumentar un sistema de Justicia idéntico al de la época de los militares, contra el que tanto despotrican, y sin el cuál no tendrían argumento para distraer la atención como lo hacen.

Es tarea de todos los que percibimos esta realidad alzar bien fuerte la voz contra estas y todas las afrentas a la independencia del Poder Judicial, porque no sería responsable de nuestra parte pretender de todos y cada uno de los individuos que serían designados "a dedo" por este poder corrupto y mendaz una actitud enaltecedora y de grandeza como la de la Dra. Argibay, por ejemplo, quien luego de hablar por su fallo dijo que, en lo personal, "no tomaría un café con Patti".

No hacerlo sería condenarnos a la sumisión a lo que resulte, porque no tendríamos ninguna excusa para justificar nuestro silencio que -a la larga- se terminaría convirtiendo en complicidad.

Teniendo a la clase política mayoritaria (peronistas y radicales K) ya sometidos al poder de "la caja"; al parlamento convertido en una sucursal de "Casablanca", el tradicional café de Riobamba y Rivadavia; los gremios devenidos en nuevos "lores", privilegiados cortesanos de esta monarquía absoluta en ciernes, relativamente controlados (aún); los militares y demás fuerzas del orden denostados y humillados hasta extremos impensables... solo resta ir por ellos... la prensa.

Y hacia ahí van también con asertividad. Mientras la independencia de poderes es uno de los pilares del sistema republicano, la libertad de expresión es sino igual de importante, más.

Y El kirchnerismo prepara reformas en el sistema de selección de jueces nacionales en el Consejo de la Magistratura: propone terminar con los exámenes anónimos y sorpresivos, abandonar las tablas con puntajes para evaluar los antecedentes de los candidatos y dar más importancia a la opinión que los consejeros se formen de los postulantes.

El país afronta unos días aciagos. Gran inestabilidad emocional de la dirigencia que se derrama -lógicamente- en la ciudadanía, trasmitiendo sensaciones de conflicto, lucha, batalla, guerra entre... quiénes?? Entre "ellos" y los "oligarcas", "golpistas", "el campo", "Clarín".

En medio de esta a primera vista incomprensible sensación de desequilibrio, de urgencias claramente identificables, el mascaron de proa que nos gobierna se anima, cada vez más descaradamente, a instrumentar uno de los pilares sobre los que cualquier autocracia, cualquier dictadura se sustenta. Y con la complicidad criminal de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, crea un "OBSERVATORIO DE MEDIOS", conformado por el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), el Instituto contra la Discriminación y la Xenofobia (Inadi) y el Consejo de la Mujer, regenteado por una mujer detestable, pero muy utilitaria (como la mayoría de las mujeres que son parte de esta autocracia) a la instauración del régimen.

Así, los dos pilares del autoritarismo y de las dictaduras se perfilan casi con plena nitidez: ataque frontal a la independencia de la justicia y a la libertad de expresión.

Es digna de mención la "creatividad" que tienen para organizar sus mecanismos de instauración del régimen. O tal vez sea consecuencia directa de la más absoluta falta de pudor y decencia, ya que la gran mayoría de ellos son abogados, o instruídos en alguna profesión. Por lo cual no es posible que no sean conscientes del avasallamiento a la legalidad, a la Constitución y a los principios democráticos más básicos que permanentemente realizan. Y en consecuencia, se comprueba mi tesis de siempre: el de la Argentina no es un problema político o economico. Es un serio problema moral.

No miremos para otro lado. No bajemos la guardia. Mantengamonos alerta. O, subsidiariamente y en el peor de los casos, mantengamos el pasaporte válido y actualizado.

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